¿Toda diferenciación es discriminación? (I)

¿Qué tanto se parecen las elites ecuatorianas– políticas, económicas, intelectuales – a la sociedad ecuatoriana?

No demasiado. Las elites nacionales son, en su mayoría, blanco-mestizas, en un país autoproclamado plurinacional. Las elites nacionales son, en su mayoría, masculinas, en un país en el que más de la mitad de su población es femenina (y, esto, sin hablar siquiera de la diversidad sexo-genérica). Las elites nacionales son, en su mayoría y a nuestro pesar, claramente el privilegio de una clase social acomodada, en un país donde una frágil clase media lucha por no caer en una cada vez más abundante clase empobrecida. No, las elites no se parecen a la sociedad que “representan”.

Una de las herramientas que se ha ensayado en varios países del mundo, empezando por los Estados Unidos, son las llamadas medidas de “discriminación positiva” o “acción afirmativa”. Para Naciones Unidas (2004), “la acción afirmativa es un conjunto coherente de medidas de carácter temporal dirigidas a corregir la situación de los miembros del grupo a que están destinadas (…) para alcanzar la igualdad efectiva”. Algunos ejemplos de medidas de discriminación positiva: reservar cierto número de plazas en las universidades para individuos de los grupos raciales históricamente discriminados (las “cuotas”), otorgar una preferencia en la selección de personal en las empresas y el sector público en función de su género, pertenencia étnica, proveniencia socio-económica.

Países que, por sus configuraciones históricas y los proyectos nacionales que defienden no adherían en un primer momento a ellas, han empezado a implementarlas y, al menos existe un serio debate en torno a ellas. Es el caso de Francia, por ejemplo. En ese país, un/a hijo/a de un padre con educación superior tiene 4 veces más chances de pertenecer al 20% más rico de la población francesa que un hijo de obrero. En otras palabras, no es suficiente el mérito pues las condiciones socio-económicas en las que nace un individuo determinan fuertemente sus oportunidades para “triunfar” en la vida. Los franceses hablan de la necesidad de establecer una “igualdad de oportunidades”. Y, contrariamente a los estadounidenses, que parten de la diferenciación étnica, los franceses han implementado medidas de acción afirmativa basándose en las diferencias socio-económicas.

Hace unos días, revisando una publicación en redes sociales que promocionaba una formación enfocada hacia mujeres indígenas, leí este comentario: “¿Y por qué no puede participar una mujer que no sea indígena, acaso eso no es racismo?”. La pregunta que surge de aquí es: ¿toda diferenciación supone una discriminación?

Discriminación es, en su acepción más difundida, el conjunto de prácticas y discursos que, partiendo de la diferenciación  – fenotípica, “racial”, sexo-genérica, social y un largo etcétera – ejercen violencia sobre personas, colectivos, pueblos enteros. Esta puede ser institucional e individual, puede ser explícita, descarnada o implícita, velada. En palabras de los mayores, la discriminación es “discrimen”, herencia de la colonización. Es sinónimo de menosprecio, de vejación, de exclusión, de muerte.

¿La discriminación positiva es equiparable al discrimen? En derecho se han establecido algunos parámetros que configuran las medidas de acción afirmativa. Deben ser justas o legítimas. Es decir, parten de la constatación de una desigualdad de hecho, explicadas por condiciones históricas prevalentes de discriminación, de discrimen. A partir de ahí, las medidas de acción afirmativa tienen como propósito eliminar esa desigualdad. Tan pronto como esa desigualdad de hecho sea resuelta, dichas medidas pierden su razón de ser. Por ello son temporales. Finalmente, deben ser proporcionales al objetivo buscado.

La discriminación positiva o acción afirmativa es plenamenta reconocida en la Constitución de la República del Ecuador del 2008 (ver Art. 11, 65 y 203). La acción afirmativa es una medida correctiva, tendiente a eliminar la desigualdad de hecho en el goce de los derechos. Las medidas de acción afirmativa no son capricho de Gobierno de turno, son disposición constitucional, por lo tanto materia de política de Estado. Además, el Ecuador es Estado-parte de dos instrumentos internacionales que reconocen la importancia de la implementación de dichas medidas como son: la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Racial (1965) y la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (1979).

En definitiva, la discriminación positiva no es equiparable a la discriminación, al discrimen. La discriminación positiva o acción afirmativa corresponde a un conjunto de medidas pensadas con el objetivo de eliminar las desigualdades de hecho. Volviendo a la pregunta inicial de este escrito, las medidas de discriminación positiva son herramientas que, a la larga, pueden permitir que nuestras elites – económicas, políticas e intelectuales – se parezcan más a la población.

El mérito, la “recompensa de los mejores”, solo tiene sentido en la medida que el punto de partida de quienes compiten es el mismo. En este sentido, no existe una tensión entre igualdad y mérito, sino que la igualdad de partida es una precondición para el ejercicio del mérito. Las medidas de discriminación positiva se sitúan precisamente, en esta línea.

Imagen de portada tomada de FILAC (Septiembre, 2020).

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