La decolonialidad “¿nos está tirando un salvavidas o un ancla?”

La retórica decolonial ha ido poco a poco ganando terreno dentro del movimiento indígena y de algunos de sus académicos. Me pregunto ¿qué tan útil es la decolonialidad para la resolución de los problemas de los pueblos y nacionalidades indígenas?

Para empezar mi respuesta es necesario definir a breves rasgos la cultura. Cultura es un sistema de signos y símbolos, que permite al individuo y nuestra especie contar con la información necesaria para relacionarse con otros individuos y su entorno, permitiéndonos autocompletarnos y desarrollarnos. Cada grupo humano ha desarrollado su sistema de información para poder satisfacer las necesidades individuales y del grupo. 

La retórica de la decolonialidad cuestiona tres elementos: La implementación del estado nación y la democracia como modelo político hegemónico en detrimento de otras formas organizativas de las culturas indígenas americanas; la implementación de un sistema de estratificación social basado en la raza que sería la base de la explotación del capitalismo, y por último la crítica al mecanismo de producción de conocimiento eurocéntrico, la ciencia, en detrimento de otras formas de conocimiento. 

La lectura de la modernidad de los decoloniales es increíblemente reduccionista, y parece no comprender los complejos procesos sociales, culturales, geográficos que tuvieron que pasar para dar lugar a la democracia, capitalismo y ciencia. A todos ellos los terminan por convertir en elementos cerrados, cuyo nacimiento esta limitada al continente europeo. Sin lugar a dudas, este trio fue perfeccionado en Europa, sin embargo, no hubiese sido posible su emergencia sin una serie de interrelaciones con África, Oriente y Asia. De esta manera, la decolonialidad termina por desconocer los aportes de las culturas de estos territorios. 

Thomas Sowell ejemplifica muy bien esto: 

cuando los ingleses cruzaron el Atlántico por primera vez y se enfrentaron con los Iroquois mar adentro, al este de lo que hoy es Estados Unidos, fueron capaces de navegar este océano, primero porque utilizaron timones inventados en China, y pudieron navegar en alta mar con la ayuda de la trigonometría inventada en Egipto, sus cálculos fueron realizados con números inventados en India, y su conocimiento general se preservaba en letras inventadas por los romanos (Sowell 1998)

Es decir que los europeos contaban, ya en ese entonces, con un sistema de información que había acumulado datos provenientes de diferentes culturas del mundo. Estos sistemas de información en un principio se desarrollan de manera independiente, sin embargo, con el tiempo, y por la misma actividad humana, el sistema se ve presionado por elementos externos, la naturaleza y otros sistemas culturales. Ante esta presión las culturas, chocan, se enfrentan, se interrelacionan, se retroalimentan y cambian, y también algunas desaparecen.  El sistema cultural que pueda resolver los diferentes problemas, a los que nos enfrentamos, de manera más eficiente, tendrá una ventaja. De esta manera aquellos conocimientos que son útiles y eficientes se van acumulando independientemente de su origen, y así mismo algunos se eliminarán, o podrán ser resguardados. 

Los decoloniales sostienen que a todo sistema cultural, y de conocimiento, se lo debe resguardar. Sobre todo, a aquellos, que producto de la conquista, están en posiciones de desventaja. Es decir, estos sistemas culturales tienen valor por si mismo, y no en tanto a sus resultados, eficiencia y utilidad. 

Sowell al respecto del enfriamiento del sistema cultural inglés y el iroqués señala lo siguiente: “Fue un choque entre desarrollos culturales tomados de vastas regiones del mundo (inglés), contra desarrollos culturales de un área mucho más circunscrita (iroqueses). Las oportunidades culturales eran desiguales y los resultados fueron desiguales. La geografía nunca ha sido igualitaria”. Para entender estos desarrollos culturales no podemos caer en reduccionismos sino desde la long dureé de la historia. 

La conquista española fue un hecho violento, como toda guerra y creó muchas desigualdades. Pero ninguna guerra es justa y todas son crueles. Los Inkas tuvieron más ventajas comparativas, debido al desarrollo cultural que habían logrado, fente a aquellas que conquistaron. Estas ventajas están muy bien registradas en cuanto a las tecnologías de manejo de agua y tierra, lo que les permitió tener una mejor productividad. De la misma manera tenían un mejor sistema de administración, y una capacidad militar superior frente a sus conquistados. Y este también fue un acumulado de las culturas de la zona. 

Más de 500 años después nuestras culturas no han desaparecido, kaypimi kanchik niyari, si esto es así, es porque todavía nos es útil, y nos ha servido para la reproducción de nuestra vida, como individuos y grupos, y porque hemos asimilado y utilizados los conocimientos de otras culturas.  El mundo es cada vez más complejo, los niveles de desigualdades al interior de indígenas con respecto a otras culturas, en ecuador es cada vez más amplia, la pobreza es alarmante al igual que la desnutrición, el acceso a agua segura y saneamiento es muy bajo. 

Los decoloniales señalan que esto es muestra de la validez de la decolonialidad. Pretenden señalar que estos procesos han ocurrido en los “intersticios”, y siempre de manera paralela, tratando de mantener su propio sistema en la periferia de la modernidad. Sin embargo, esta apreciación no es correcta. Mignolo usa la figura de Guamán Poma de Ayala, como muestra de ese sujeto liminal, que trata de mantenerse en la frontera, y diferenciarse de lo europeo. Mignolo se equivoca. Guamán Poma estaba consciente de lo que estaba sucediendo, y encontró, a través de la escritura (haciendo uso de un dispositivo cultural “europeo”), la manera de darle un lugar en la historia a su cultura. No en el margen, en lo liminal, o autoexcluyéndose de ella, sino dentro, en su corazón mismo. Tristan Platt señala “Los aymara se lanzaron a desmenuzar las prácticas autorizadas por el nuevo halcón español, interpretarlas en términos de su propia tradición intelectual, e intervenir activa y estratégicamente en la sociedad colonial en base a los resultados de sus análisis” (Platt 1989).  Es decir que no pretendieron aislarse, buscar un espacio en la periferia que les permita seguir haciendo uso de su cultura, “intervinieron de manera activa” para negociar con el nuevo régimen y sostener su vida. 

Para los decoloniales solo podría ser válido hacer uso de los conocimientos europeos, si se diera en un contexto de absoluta igualdad. No ha existido ni existe un sistema de igualdad perfecta, Sowell bien señala, que esta no puede existir, debido a la increíble diferencia de los medios que los grupos humanos poseen para la obtención de resultados. La “racionalidad” andina reconoce este hecho. Dentro de los aymaras el ritual del tinku y ch´axwa, son expresiones, del reconocimiento de esas desigualdades y contradicciones, y a la vez son dispositivos para limarlas y sostener el “pacto social” (Platt 1989).

Como señalamos, la perspectiva decolonial es reduccionista, y plantea a la democracia como un sistema cerrado, pero nada más lejos de la realidad. Su potencia y eficacia esta en que es una propuesta abierta, que se adapta, que no es perfecta, pero es perfectible. Sí, la democracia nació haciéndole frente a la tiranía de la tribu y en un sistema de esclavitud, pero esta fue transformándose y mejorándose poco a poco ¡que mejor ejemplo de un dispositivo «decolonial»! Los mismos decoloniales lo reconocen, pero no es una democracia “otra”, es la misma, moldeada por los individuos que habitamos estos territorios. En las sociedades prehispánicas, no existía ningún signo de democracia. El Tauhuantisuyo poseía un sistema social teocrático, altamente jerarquizado, sin posibilidad de de movilidad social. 

Sobre la ciencia tienen la misma perspectiva reduccionista. Parece que se quedaron en Descartes, y no reconocen todo el debate que ha ido construyendo el proceso científico. La ciencia también es un sistema abierto, es más, su capacidad de errar es constitutiva de ella. La ciencia es un proceso complejo y colaborativo, en el que intervienen culturas de todo el mundo. No se desconoce que existen otros sistemas de conocimiento, pero no podemos negar la eficacia y utilidad de las aplicaciones prácticas. Además es posible repetir las mismas acciones con los mismos resultados, ya que se ha sometido a un complejo proceso de comprobación y falsación, y esto solo lo tiene la ciencia.  

En definitiva, la decolonialidad juzga a la democracia y a la ciencia por un supuesto lugar de origen, el europeo. Esta misma visión reduccionista desconoce los aportes de otras culturas y otros territorios. Pretende forzar los mecanismos de los pueblos indígenas para la reproducción de nuestra vida para hacerlos calzar en su proyecto académico. Desconoce nuestra agencia, y por lo tanto nuestra capacidad de decisión para participar “en” y no al margen “de” la modernidad, la democracia, ciencia y capitalismo.  El proyecto decolonial nos forzaría a reconocer en nosotros mismos los elementos provenientes de Europa, y diferenciarlos de aquellos pre hispánicos (si es que acaso esto es posible). Si aplicáramos estos para los kichwa otavalo, ¿nos deberíamos deshacer de los instrumentos de cuerda que utilizamos en el inti raymi? ¿de nuestra vestimenta que es española? ¿y del kichwa altamente modificado por el español? Debemos reconocer que hemos decidido participar y hemos sacado provecho para nuestra propia cultura. 

El peligro de la retórica decolonial es que nos ha convertido a los pueblos indígenas y negros en víctimas eternas, es decir en entes sin agencia. Niega los complejos procesos de negociación y participación que hemos llevado acabo. Desde una mirada condescendiente propone que todo lo que hemos creado tiene una validez por si misma, lo que nos impide ser autocríticos, ver nuestras deficiencias, y asumir los cambios que debemos realizar para mejorar nuestra capacidad para resolver problemas. Lo que en ultima instancia nos vuelve aun más dependientes de los conocimientos de otros. 

Los resultados de la propuesta decolonial ha sido que todo aquello que sea catalogado como europeo sea considerado malo, y por lo tanto debe ser excluido de la vida de los pueblos indígenas. Aunque sus autores son precavidos y niegan toda pretensión de esencialismo y cosificación sobre lo indígena, y niegan que se deba excluir el conocimiento y cultura europea, las consecuencias son todo lo contrario. Han dado paso a discursos y espacios que excluyen lo occidental. Lo que en la práctica nos deja en desventaja

No hay nada de malo en reconocer nuestros límites, errores y deficiencias. Sowell al respecto del despegue y consolidación japonesa como una de las mayores economías del mundo señala: 

“antes de que ello ocurriera, una transformación cultural significativa tuvo que darse dentro de los ciudadanos japoneses. Una dolorosa consciencia de su propio retraso recorrió el Japón. Las naciones occidentales en general, y los Estados Unidos en particular, fueron promulgados como modelos a seguir para sus hijos. Los libros de texto japoneses conminaban a imitar a Abraham Lincoln y a Benjamin Franklin, aún más que a los héroes japoneses. Muchos lamentos sobre sus propios defectos por los japoneses de esa era podrían llamarse, hoy día, «auto-odio». Pero no había relativistas culturales en ese entonces para decirles que lo que habían logrado era igual de bueno, en su propia forma, que lo que tenían los demás. En lugar de ello, los japoneses superaron su retraso, a través de generaciones de trabajo y estudio dedicado»

Y los japoneses no han perdido sus particularidades culturales. Si nos ponemos en plan de negar la ciencia, sistemas políticos y económicos, por su lugar de origen y etnia (lo cual en pleno siglo XXI es absurdo), sin considerar sus posibles beneficios, estamos cayendo en una trampa, que lo único que provoca es acentuar y perpetuar las desigualdades que están presentes entre nuestros pueblos. A nuestra cultura la debemos volver competitiva, contemporánea y global.  

Referencias.

Platt, Tristán 1989. “Entre Ch´xwa y muxsa para una historia del pensamiento político aymara” en   Tres reflexiones obre el pensamiento andino, editado por Thererese Bouysse-Cassagne, Tristán Platt y Verónica Cereceda. La Paz: Hisbol: 61-132

Sowell, Thomas. 1998. Raza, cultura e igualdad. Forbes 854º . 


[1] Pregunta planteada por Thomas Sowell, acerca de la promoción del “provincialismo cultural”.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s