De cabelleras y otras disidencias

Otavalo. Una mujer indígena corta su cabello para venderlo. Mercado lucrativo en tiempos de pandemia, de trabajo escaso, de empobrecimiento. Frente a ello, las opiniones son disonantes. Muchos imprecan a la mujer y hacen un llamado a “preservar la identidad” argumentando que el cabello largo es una manifestación, un rasgo de esa identidad. ¿Qué representa el cabello, para el pueblo kichwa otavalo?

Han circulado en redes posts y fotografías que exaltan la importancia del cabello largo para los pueblos indígenas…en su totalidad. Esta generalización parece obedecer a la imagen estereotipada del nativo norteamericano. No contempla, por ejemplo, que hay pueblos indígenas del continente que portaban (y portan) el cabello de manera muy distinta. Véase los cabellos de los pawnees, pobladores primigenios y semi-nómadas del actual Estado de Nebraska. O véase las cabezas rapadas de los antiguos mapuche, que consideraban que el pelo largo constituía una desventaja militar. Recuérdese a los indios tsáchilas. En definitiva, cada pueblo usa el cabello de manera distinta y le atribuye significados distintos.

En el caso del pueblo kichwa, los abuelos cuentan que el cabello de los varones indígenas era cortado en la Hacienda y constituía una deshonra. En algún momento también, se cortaba el cabello a los varones con la misma intención que motivaba a los padres a dejar de hablar el kichwa: proteger a su descendencia de la violencia racista. Algunos dicen que es signo de virilidad para los hombres y de feminidad para las mujeres. Otros dicen que es una conexión con una cierta espiritualidad, que la raya en la mitad es equilibrio. No existe un consenso al respecto. En cualquier caso, parecería que existe un acuerdo alrededor de la idea de que el pelo largo es un signo de la identidad. Es decir, quienes llevan pelo largo se identifican entre sí y se diferencian de quienes no tienen pelo largo. Nosotros. Ellos.

Me interesa reflexionar sobre ese ejercicio: el ejercicio de construir un “nosotros” y “ellos” y algunas de las funciones de esa diferenciación. Esto último está relacionado con la cuestión de quiénes definen los criterios de pertenencia o no a un grupo y cómo esta definición dialoga y se opone con la definición subjetiva de una identidad.

Un medio de comunicación radial local habla del interés expresado por los turistas frente a las largas cabelleras de las personas indígenas. En los comentarios, varias personas advierten sobre el peligro de que el corte de trenzas ahuyente al turismo. En esta postura, la motivación para “preservar” la identidad es económica. La identidad es un producto que se vende y genera beneficios como cualquier otro producto. La identidad como producto en los estantes de un supermercado. Y es la mirada externa la que le otorga valor (económico) y no, la mirada interna. Si la identidad necesita ser validada externamente a través de su monetización expone su fragilidad, participa de un sometimiento del que quiere huir. Entonces, resulta más urgente que nunca preguntarse, individual y colectivamente, ¿qué se entiende por identidad cultural y qué función cumple o es deseable que cumpla?

Por otra parte, si lo lucrativo es lo que da sentido a una práctica identitaria, como lo sugiere la postura antes citada, ¿por qué otra práctica – la de cortarse el cabello –, a pesar de que es lucrativa, no es legitima, carece de sentido? Parecería que ciertas voces, las voces que hablan en nombre de la comunidad – como este medio de comunicación que parece hacerse eco de las opiniones de sus seguidores – están autorizados a decir qué es aceptable y qué no lo es. El individuo que se sale del guion, que actúa de una manera disonante, es condenado.

Definir qué es la identidad cultural de un pueblo, el pueblo kichwa otavalo, a manera de sentencia, parece más bien un ejercicio de poder. Miquel Rodrigo Alsina[1] lo plantea en los siguientes términos: “La identidad de la cultura (…) es un concepto más bien propio del discurso político que hacen determinados grupos hegemónicos, los cuales pretenden imponer al resto de la comunidad unos rasgos simbólicos, unas prácticas culturales como propios de esa cultura determinada”. ¿Alguien se preguntó lo que la identidad kichwa otavalo significa para la mujer que cortó su pelo? La identidad pulcramente definida y celebrada ¿le da de comer a esa mujer?

Los hay que, habiendo acumulado un capital social, cultural, económico o político considerable, se atribuyen el rol de guardianes de la cultura. El cortarse el cabello, el usar una camisa que no respeta las formas tradicionales (heredadas, dicho sea de paso, de los vestidos de las europeas), el ser feminista, el ser ateo (y no católico, irónicamente), el ser de otra manera, constituyen un delito. La disidencia debe ser extirpada porque mina la autoridad de quienes establecen las normas de lo aceptable. La “comunidad” vigila, disciplina, castiga. La comunidad es un pastor y con ella, parecen pensar algunos, “nada me faltará”. ¿Qué pasa si se permite que el individuo defina los criterios que le atan a una comunidad, a una cultura? Es la puerta a la atomización, a la aceptación de que, en muchos otros aspectos – las afinidades ideológicas y políticas, los modos de vida, la manera de vivir la sexualidad, las actividades de sustento – es una realidad consumada.

En muchos casos, la idea de “comunidad” ha sido vaciada de sentido y perdura un cascarón vacío funcional a ciertos intereses no tan comunitarios. Lo comunitario ha sido, sin embargo, una trinchera desde la cual se ha resistido a diversas formas de violencia y se ha reproducido la vida. Quizás es necesario buscar qué queda de esa idea de comunidad. Quizás se trata de reconstruir lo comunitario desde aquello que efectivamente compartimos o queremos compartir, esa comunidad no solo soñada sino vivida y luchada.


[1] Ver Miquel Rodrigo Alsina (1998), “Las estrategias identitarias: entre el ser y el hacer”, Afers Internacionals, núm. 43-44, pp. 11-15.

4 comentarios

  1. Este es un tema dificil hasta de plantearlo. En el caso del otavaleño kichwa la identidad ha cambiado y seguira cambiando, y los puntos de referencia de los cuales se sostenia la identidad y la comunidad cada vez son menos claros, existen los intelectuales tradicionales y los intelectuales occidentalizados que defienden sus visiones del mundo kichwa de acuerdo al tipo de informacion del que han sido o se han adoctrinado. Los pueblos y las identidades nacen, crecen se reproducen y mueren, y en algunos casos se transforman en algo totalmente diferente. De que sirve tener rasgos, vestimenta, lengua, si ya no existe el vinculo con la pachamama?. Solo el tiempo aclarará el futuro del kichwa otavalo.

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    • Gracias por leernos y por compartir tu criterio. La identidad es algo cambiante, como bien lo señalas. Creo que es peligroso decir que hay dos tipos de intelectuales y oponer tradición y occidente porque precisamente las fronteras entre ambas cosas son bastante imprecisas. Hay una combinación, un diálogo muy profundo entre ambas. En cualquier caso, es importante que se hable sobre el tema y no se asuma simplemente la existencia de una identidad y se tome decisiones en torno a ello. El futuro del kichwa otavalo será aclarado con el tiempo pero, sobre todo, con lo que los mismos kichwa otavalos quieran hacer de ellos mismos, de su identidad, de su sentido de comunidad. Que tengas una buena noche.

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  2. Es lamentable ver cómo han o intentan reducir la memoria historica, social de un pueblo en constante cambio a ciertas características superficiales, un pueblo o una persona no solo se rige por su vestimenta sino en este caso el ser Runa es más filosófico, es una manera de vivir.

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    • Gracias por leernos, Dino, y compartir tu criterio.
      Parecería que es más sencillo hablar de la identidad en esos términos. Es bastante cómodo reducir la identidad a ciertos rasgos, tan visibles como ese. Por el contrario, reflexionar e intercambiar para construir lo que es y lo que quisiéramos que sea esa identidad resulta mucho más complicado…y más riesgoso.
      Si te animas a escribir o publicar, déjanos saber, sería un gusto, Dino.

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